Los alcaldes en el último año de mandato

Justamente dentro de un año, por estas fechas, los alcaldes que ahora están en sus despachos, seguirán estando, pero para entonces ya estarán en funciones, esperando la constitución de las nuevas corporaciones salidas de las urnas. Estar en funciones es una manera eufemística que se utiliza en la administración para referirse a los cargos públicos que están de “cuerpo presente”: ese trance en el que el poder ya se le ha evaporado a la persona que lo ejercía y solo le queda administrar lo ordinario y firmar papeles de trámite. Obviamente, aquellos que hayan vuelto a ser candidatos y hayan ganado, tendrán energías renovadas para afrontar los importantes cambios que tendrán que acometerse en el próximo mandato.

Hasta que llegue ese tiempo, los alcaldes se enfrentan a uno de los periodos más difíciles de los treinta últimos años de ayuntamientos democráticos. Hubo tiempos difíciles pero la gente no había conocido otros mejores. Ahora se trata de que no se puede mantener lo que hay, y eso requiere un replanteamiento de prioridades y una reconsideración en profundidad de la asignación de los recursos disponibles. En definitiva, nuevas estrategias y nuevos impulsos. Como ha señalado Claudio Magris, nunca el mundo ha estado más necesitado de política que ahora. Pero con un horizonte electoral a la vuelta de la esquina, difícilmente se van a acometer estrategias orientadas al medio y largo plazo que supongan más sacrificios a una ciudadanía ya bastante azotada por el rigor que exigen estos tiempos. Lo más natural es que, el que mas y el que menos, alcaldes de uno u otro signo o partido, intenten sortear la tempestad durante este año hasta las elecciones, con la mirada puesta en la coyuntura del día a día, y a ver qué pasa. Al fin y al cabo, unos meses se pasan como sea, pagando la nomina y poco mas; y después de las elecciones ya se tomaran decisiones.

Sin embargo, los alcaldes, además de gestionar esta coyuntura que les ha tocado, para poder encarar de manera exitosa la confrontación electoral que se avecina, tendrán que estar muy pendientes de una serie de entornos relevantes de la acción de gobierno.

El primero de ellos debe ser la estabilidad emocional de sus concejales. De la misma manera que cualquier persona cuida su cuerpo para sus acciones en el mundo que le rodea y para ello es vital su salud, de la misma manera, si los concejales no tienen bien ajustadas sus emociones en orden a una meta común que motive e ilusione, mal lo tiene su alcalde. El debate del día a día en el seno del grupo, contrastando criterios culturales y de valores entre unos y otros no es fácil. A estas alturas del mandato ya hay frustraciones, deseos incumplidos y tienen o han tenido sus más y sus menos entre ellos. A esto hay que añadir que los alcaldes que vuelvan a ser candidatos tendrán que empezar hablar de listas, los que van y los que no van a aparecer en las próximas. Gestionar todas estas emociones requiere de las habilidades del alcalde y de su dedicación a tal fin. Es fácil encontrarse a finales de los mandatos a alcaldes que, en parte, han dejado de ser “directores de orquesta” para ser “hombres orquesta”, tocan todos los instrumentos que los ”quemados” ya no tocan.

La segunda cuestión a tener en cuenta por los alcaldes es la agenda política de la ciudad en este año próximo. Al final de un periodo , mas corto o mas largo, en la ciudad se han tratado unos asuntos y no otros, de la misma manera que se han decidido unas u otras cosas y se han fijado unas u otras creencias u opiniones en la ciudadanía respecto a los temas más variados. Todo esto puede que se haya alcanzado por la iniciativa en mayor o menor medida del gobierno municipal o por la acción de otros actores sociales, bien sea la oposición, asociaciones u otros colectivos. Es muy difícil llegar a saber todas las variables que determinan el éxito electoral, pero hay una condición necesaria: no perder la iniciativa en la agenda política de la ciudad. Si la agenda le viene impuesta al gobierno, si entra en un sistema de dirección por acontecimientos, difícilmente podrá salvar con éxito la confrontación electoral.

Una tercera y última cuestión: para la ciencia política convencional, el pueblo gobierna retrospectivamente. En esta ortodoxia, los gobiernos rinden cuentas. Para ello es fundamental la información. En la situación socioeconómica por la que estamos atravesando (que desde luego los ayuntamientos poco han tenido que ver en su origen y en la misma medida pueden contribuir a su arreglo), sin una tarea de comunicación adecuada, no hay razones para pensar que los ciudadanos puedan distinguir correctamente entre la influencia de la gestión del ayuntamiento y la de condiciones exógenas que escapan al control municipal. Más bien al contrario: si esto no se explica adecuadamente, es muy posible que el cabreo que tienen por la situación lo paguen dando una bofetada al alcalde en las urnas.

En fin, todo esto hasta después de las elecciones que será cuando habrá que volver hacer política, que en estos tiempos que corren, como dijo John Galbraith, consiste en elegir “entre lo desastroso y lo desagradable”.

Ah, y cuidado con los golpes bajos en estos tiempos preelectorales.