¿Optimismo o pesimismo?

Hay dos maneras de encarar el nuevo año: con pesimismo o con optimismo. Este planteamiento se lo hacía el otro día Jean-Marie Colombani para referirse a  cuestiones de  gobernanza y globalización. En nuestro ámbito, el de los asuntos de la ciudad, su gobierno y gestión, me temo que el resultado de esta reflexión, para no salir mal parado de ella, ha de discurrir por los mismos derroteros de los análisis que hacen los gestores de carteras de valores y fondos de inversión en un año malo. Cuando los resultados del trimestre o del año son negativos, para dar resultados positivos hay que acudir a un periodo mayor, a la década o a cualquier otro espacio temporal en el que lo bueno compense a lo malo para así obtener un saldo favorable.

Si queremos ser pesimistas, en  la mayoría de los ayuntamientos, sólo tenemos que pararnos a pensar cómo vamos a salir adelante con unos ingresos que no dan para pagar lo que estamos haciendo. Peor aún, para pagar lo que se debe a los acreedores o incluso en algunos casos extremos, para pagar la nómina a fin de mes. Lo malo de la situación es que los responsables municipales se sienten abandonados a su desdicha por un Estado que bastante tiene con lo suyo y unas comunidades autónomas que en la mayoría de las políticas, obras y servicios  a los que estimularon a los ayuntamientos, ahora nadie quiere saber nada. De los servicios impropios nadie quiere ni oír hablar.

Aunque ya se sabe aquello de que mal de muchos.., la verdad es que sólo con mirar un poco a ver qué esta pasando, fácilmente se comprende que los análisis simples y ceñidos a nuestra piel de toro que en dos palabras explican la quiebra municipal no se mantienen. Según el reportaje de Alicia Gonzalez publicado recientemente, en Alemania tal es la situación de emergencia que el Estado central ha creado una comisión para analizar la situación de las finanzas municipales con el objetivo de abordar los cambios estructurales necesarios para resolver definitivamente ese déficit de financiación. Los Estados de Sajonia-Anhalt, Baja Sajonia y Renania-Palatinado han aprobado a lo largo de este año planes de emergencia para dotar de fondos extraordinarios a un considerable número de ayuntamientos para evitarles de  una quiebra segura. En Francia, el servicio de la deuda de regiones y municipios alcanzará en 2011 niveles sin precedentes. Grecia se ha visto forzada a reducir el número de municipios a un tercio. En USA, el Estado de Illinois tiene un riesgo de quiebra mayor que el que presenta la economía vietnamita, según el coste de los seguros contra el impago de la deuda (CDS). Y bueno, la situación en la que se encuentra California ya es conocida.

Si por el contrario queremos ser optimistas solo tendremos que pensar en los equipamientos y los servicios que tenían nuestras ciudades hace veinte años y los que tienen hoy. La situación de nuestros ayuntamientos, en términos de solvencia financiera, nunca ha sido buena, ha rondado entre mala y peor. Lo que ha cambiado de antes a ahora es que la estabilidad financiera, como no podía ser de otra manera, se ha elevado a la categoría de valor supremo. Es indispensable  tenerla en cuenta en cualquier proyecto de gobierno. Lo que no quiere decir que electoralmente tenga la misma importancia y que gobiernos que han llevado la hacienda municipal a la ruina vayan a ser castigados en las urnas. Lo cierto es que ahora las ciudades están en general bien equipadas y con unos niveles de servicios que eran inimaginables hace años. Otra cosa será como pagar todo esto. Aunque seguramente son tantas las cosas que tenemos en los ayuntamientos que no son necesarias, (como suele pasarle a cualquier nuevo rico) que resulta sencillo prescindir. O dejarlas funcionando solo si la gente está dispuesta a pagarlas, nos referimos a piscinas cubiertas, spa’s, saunas, festivales y demás abalorios. Tampoco ha de ser muy complicado suprimir privilegios y desbordamientos legales para nivelar las cuentas. Y qué decir de esas obras de remodelaciones en calles y plazas, que si dejan de hacerse lo ganaran en tranquilidad los vecinos. De manera que todo esto puede tener remedio.

Luego está lo irremediable, lo que nunca se debió de haber hecho y que ya no tiene solución a corto plazo. Pero bueno, esto también forma parte del desarrollo de cualquier organización, es un aprendizaje necesario, el valor de la oportunidad, saber que cada elección impide otras opciones, que no todo es posible a la vez. Es un error de cualquier ser vivo, que se padece en la juventud y que se cura con la edad. Dos ejemplos de estos errores:

Uno, los cuerpos  de policía, que a pesar de su tamaño difícilmente resultarán eficaces en el terreno de la seguridad, que fue donde justificaron su ampliación, entre otras cosas por su falta de cultura en la materia, de métodos y de sistemas de inteligencia de que están dotados los demás cuerpos de seguridad del Estado. Tampoco se justifica un cuerpo armado para pasar los niños al colegio. Nuestras ciudades multiculturales serán mas habitables si se gestionan con la lógica de políticas de proximidad orientadas a las personas, en la educación, en la asistencia, en servicios a la infancia, en ayuda a los mayores y, en definitiva, fomentando sistemas que eviten la exclusión social. De la seguridad con mayúsculas se deben de ocupar otras instancias. Nos perdió la soberbia frente al Estado.

Dos, como sabiamente dice J. Suarez Pandiello, cogimos demasiados caramelos envenenados, refiriéndose a aquello que hicimos porque otros nos subvencionaban una parte y para no perder lo poco que nos daban, terminamos haciendo lo que no pensábamos hacer.

En definitiva, es positivo que hayamos entendido que no debemos de hacer lo que no nos toca, porque nos limita para hacer lo que nos corresponde y además nadie lo hará por nosotros.  Con la lección aprendida, tenemos la oportunidad de corregir el rumbo y pensar en cómo queremos que sean nuestras ciudades en el horizonte de 2020 y, en definitiva, analizar qué oportunidades nos brinda el presente para conseguir lo que queremos. Teniendo en cuenta que este año habrá elecciones las cosas se pueden encarar bien. Los gobiernos que salgan tendrán que reiniciar los ayuntamientos. En los últimos veinte años las políticas que se han realizado han sido incrementalistas y continuistas, ahora hay una oportunidad para reorientar los ayuntamientos y repensarlos. A lo mejor renuncian a arreglar algunos de los problemas actuales, pues al fin y al cabo con solucionarlos solo se colocarian en la situación anterior que nos ha traído hasta aquí, y puede que prefieran ganar el futuro aprovechando las opciones que brinda el presente.

Hay más elementos positivos que se nos pueden abrir este año 2011. El propio régimen local, tanto el marco jurídico como el financiero, a nivel de sus bases está en revisión. Se ha anunciado en el calendario legislativo del Gobierno, para el mes de marzo, el proyecto de ley de gobierno local. Es otra oportunidad.

Seguramente, para pensar en las oportunidades y eliminar todo lo superfluo de los ayuntamientos deberíamos contar con personas que no estén tan contaminadas y tan próximas a la realidad como los que formamos parte de ella misma día a día. Ahora que se está descubriendo la relevancia que tienen para la política y la empresa los Think Tanks, deberiamos pensar en poner en marcha iniciativas tales como el Comite de Ideas a Largo Plazo que ha creado el estado de California. Quizá habría que empezar a pensar en cómo evitar la creciente desafección que se esta produciendo hacia la política local. Cómo despertar a la vecindad del aturdimiento que ha permitido que estos años se hayan producido tantos excesos. Es necesario que la gente sepa, por cauces naturales, qué está pasando en su ciudad para poder intervenir. En la gestión de la ciudad a menudo sobran políticas partidistas, directrices venidas de lejos  y se echa en falta más mestizaje, más interrelación, más trabajo conjunto en lo que une, aunque en otras cosas (políticas supramunicipales), las mismas personas se den la espalda. Hay que aprovechar la proximidad, el conocimiento que unas personas tienen de otras. En la ciudad, con la proximidad que hay entre las personas, no se puede seguir obligando a que el voto sea a favor de una tribu. Ahora se vota toda una lista, sin opciones. De la misma manera habrá que ir pensando cómo evitar que un concejal o varios, condicionen la elección de un Alcalde frente a otros grupos que cuentan con más apoyos. Es más propio, puestos a negociar una alcaldía, que sean los ciudadanos en una segunda vuelta quienes decidan y así evitaremos conductas indeseadas.

En fin, hay razones para el optimismo en este año 2011 si miramos con perspectivas de futuro las ciudades que queremos tener. Y sobre todo si pensamos que mas allá de la angustia que puede producir lo inmediato, por sus legitimas protestas, hay mucha gente silenciosa que también espera que se corrija el rumbo.  En la política local, debería de empezar a dar mas miedo a  sus gobernantes los que callan que los que gritan.